La influencia de Francisco de Goya sobre el arte y la cultura contemporáneas ha sido reconocida por la historiografía tradicional, que ya señaló el carácter de precedente para muchos de los movimientos que definen la última parte del siglo XIX y la primera del XX. En esta propuesta se pretende un ámbito de influencia más amplio, que sitúa a Goya, por su actitud tanto como por su gesto, en el inicio mismo de la modernidad, debido a “la condición de la subjetividad, la presencia de la irracionalidad, la importancia del cuerpo y de la sexualidad, la violencia y el terror, la constancia del miedo”, aspectos que determinan el pensamiento y representación en la misma.
La exposición pretende demostrar la relación entre Goya y artistas modernos a partir de tres ejes fundamentales: la imagen de una nueva sociedad con la caída del viejo régimen, la industrialización y la reafirmación de la individualidad; la expresión de la subjetividad y su reacción gestual; y la violencia y el terror como rasgos negativos pero distintivos. Estos tres ejes se articulan en seis bloques diferenciados que, a partir de un análisis sobre los temas y formalizaciones del aragonés, presentan la obra del resto de los artistas.
Bajo el primero de los epígrafes, “El trabajo del tiempo. Retratos” se analiza la capacidad de Goya para captar, a través de la mirada y del gesto, la subjetividad de los personajes retratados, e imprimir de esta forma el paso del tiempo en la narración frente a la atemporalidad neoclásica. “La vida de todos los días” nos presenta a un artista interesado en cualquier aspecto de la cotidianeidad, sin jerarquías, sin órdenes establecidos. Con “Los Disparates” se nos descubre esa mirada particular en la que lo desquiciado y la pesadilla adquieren pleno protagonismo, y del que Füssli o Víctor Hugo son la contraparte melancólica lógica, pero donde también se presentan Klinger, Ensor, Rops o Roualt. Bajo “lo grotesco”, elaboración aún mayor de lo desquiciado, se agrupan artistas como Auerbach, Masson, Michaux o el último Miró o Solana.
La forma en que Goya afrontó “Los Desastres de la Guerra la violencia”, quinto de los apartados de la exposición, marca un punto de inflexión en la manera de abordar el conflicto bélico, en el que se abandona la representación del heroísmo o la victoria, y se opta por mostrar con mayor sobriedad su carácter trágico, como lo harían después Dix, Kollwitz, Grosz o Heartfield. “El grito” enmarca la expresión más intensa y desgarrada de la subjetividad, con la que el creador representaría a muchos de sus personajes, como más tarde haría Munch, pero de otra forma también Appel, Baselitz, Kiefer, Millares o Saura.