La exposición Squares from 79 Richmond Grove, de José Manuel Ciria, recoge una selección de pinturas de uno de los artistas esenciales dentro del panorama pictórico español de finales del siglo XX. Es a partir de los ochenta cuando la pintura de José Manuel Ciria (Manchester, 1960) empieza realmente a responder a un lenguaje personal, basado en el diálogo entre lo geométrico y lo gestual; como el propio pintor asegura en un texto-entrevista con Guillermo Solana, publicado en el catálogo dedicado a la muestra, su intención ha sido siempre conjugar las dos grandes tradiciones pictóricas del siglo XX: la conceptual y la expresiva.
Lo espontáneo en su obra viene dado por una infatigable labor de experimentación en el terreno de los materiales. Ciria ha utilizado como soporte para depositar sus pigmentos desde el clásico lienzo, a lonas de camión, acero, plástico… También ha investigado en el campo de las técnicas, resultando la repulsión entre los materiales (agua-óleo), un sello de identidad de su pintura. Ha podido aprovecharse así de las posibilidades plásticas que las cualidades físicas y químicas, de las técnicas y los materiales, son capaces de aportar a su obra. También ha sabido incluir en sus pinturas la memoria inherente a todos ellos, e incluso los restos que su uso provocan. Dentro de este ámbito de la pintura como memoria es además muy importante en su obra, sobre todo a partir de los noventa, el uso de objetos encontrados, en un guiño continuo al collage iniciado por las Vanguardias, uno de los periodos artísticos que más le interesan.
Así, prolífico y complejo, al ir incorporando elementos tanto conceptuales como formales, sus lienzos se hacen un tanto barrocos. En ellos ha creado un sistema de signos que le ayudan a analizar la pintura como lenguaje, diseccionándola elemento por elemento para al mismo tiempo ir construyéndola. Y aunque el artista controle esta disposición de signos (la composición del cuadro), son el gesto espontáneo y las reacciones químicas de los propios materiales los que ayudan a terminar la obra; como en la serie Glosa Líquida (2000-2004), bien representada en esta exposición.
Según señala Julio César Abad Vidal, la figura geométrica del cuadrado es esencial en la obra de este pintor: la retícula en la que enmarca la mancha. Es el espacio en el que el artista consigue paralizar un instante de ese proceso casual que podría ser infinito y del que nacen unas formas que, en su devenir constante, representan para Ciria algo fundamental para su pintura: el paso del tiempo.